Descubre la sorprendente razón por la que tu bebé pega y por qué no deberías alarmarte

¿Te has preguntado alguna vez por qué tu bebé tiene comportamientos agresivos, como pegar o morder? Esta inquietud es más común de lo que imaginas y, de hecho, muchos padres se sienten perdidos ante estas situaciones. Sin embargo, es importante recordar que, en la mayoría de los casos, estas conductas son parte del desarrollo normal del niño y no reflejan la calidad de la crianza que le estás proporcionando.
En este artículo, exploraremos las razones detrás de la agresividad infantil, cómo manejarla y qué herramientas están a tu disposición para ayudar a tu hijo a gestionar sus emociones de manera efectiva. Comprender este fenómeno puede ofrecerte tranquilidad y estrategias útiles en tu viaje como padre o madre.
La agresividad en la infancia: un fenómeno común
Cuando un niño pequeño pega, a menudo genera preocupación y angustia en los padres. Muchos se preguntan si están haciendo algo mal o si su hijo tiene problemas de conducta. Es esencial comprender que, para los niños de 18 meses a 3 años, esta conducta suele ser una forma de comunicación más que un acto de agresión intencionado. A esta edad, los pequeños aún están aprendiendo a expresar sus emociones y, cuando el lenguaje no es suficiente, recurren a acciones físicas.
La neuropsicóloga infantil Ana Isabel López Idarraga explica que "el cerebro de los niños pequeños aún no ha madurado completamente, lo que les impide gestionar emociones intensas o controlar impulsos". Por lo tanto, el comportamiento agresivo puede ser una manifestación de frustración ante la incapacidad de comunicar sus deseos o sentimientos.
Esta etapa de la vida puede ser difícil de atravesar, pero es crucial recordar que es temporal y parte del proceso de desarrollo.
¿Por qué los bebés y niños pequeños pegan?
Los motivos detrás del comportamiento de pegar en los niños pueden ser diversos. Algunos de los factores más comunes incluyen:
- Frustración comunicativa: Al no poder expresar sus emociones con palabras, los pequeños pueden sentirse frustrados y recurrir al contacto físico.
- Imitación: Los niños aprenden mediante la observación. Si ven comportamientos agresivos en su entorno, pueden imitarlos.
- Exploración de límites: Pegar puede ser una forma de los niños de explorar los límites de su entorno y de las reacciones de los adultos.
- Necesidad de atención: Algunos niños pueden pegar como una estrategia para obtener la atención de sus padres o cuidadores, incluso si es negativa.
Las preocupaciones de los padres ante el comportamiento agresivo
Los padres suelen sentirse angustiados al ver a sus hijos agredir a otros. María, madre primeriza, comparte su experiencia: "Me sentía culpable y preocupada al ver a mi hija pegar a otros niños. Pensaba que debía estar haciendo algo mal". Esta sensación es común y puede llevar a la culpa y la ansiedad.
Sin embargo, es vital reconocer que estos comportamientos no son un reflejo de la calidad de la crianza. La neuropsicóloga López Idarraga enfatiza que "los niños pueden manifestar comportamientos agresivos independientemente del ambiente emocional en el que se desarrollen". Esto significa que, incluso en un hogar amoroso y seguro, los pequeños pueden experimentar frustraciones que les lleven a comportarse de esta manera.
Cómo manejar la agresividad: estrategias efectivas
A continuación, te ofrecemos herramientas prácticas para manejar el comportamiento agresivo de tu hijo. Estas sugerencias están diseñadas para ser efectivas sin recurrir a castigos o gritos, lo que puede ser contraproducente:
1. Mantén la calma y actúa con determinación
Es fundamental que, como padres, mantengas la calma ante la situación. Reaccionar con enfado o desesperación puede agravar el comportamiento. Recuerda que un niño de 2 años no tiene la capacidad de entender plenamente las consecuencias de sus actos.
2. La técnica del 'primero el agredido'
Una estrategia efectiva es atender primero a la persona agredida. Este enfoque permite que el niño comprenda que sus acciones tienen consecuencias y que no es el centro de atención. Esta técnica fomenta la empatía y ayuda al niño a reconocer el impacto de su comportamiento.
3. Contener y enseñar
Después de atender a la persona agredida, es crucial contener al niño. Reconoce sus emociones y explícales que pegar no es una forma aceptable de expresarse. Usa un tono calmado y dales ejemplos de cómo pueden usar sus manos para jugar o acariciar, en lugar de pegar.
4. Fomentar el reconocimiento emocional
Ayuda a tu hijo a identificar sus emociones. Usa frases como "Entiendo que estés enfadado" para conectar sus sentimientos con palabras. Esto les enseñará a reconocer sus emociones y a gestionarlas mejor.
5. Ofrecer alternativas sanas
Proporciona maneras seguras para que tu hijo libere su frustración. Actividades como patear un balón, gritar en un lugar seguro o apretar un cojín pueden ser válidas. Esta liberación controlada de energía emocional les permitirá canalizar su rabia sin afectar a otros.
6. La importancia del "perdón"
No siempre es necesario que un niño pida perdón inmediatamente. Muchos niños pequeños no comprenden el verdadero significado del perdón. En lugar de forzarlos, es mejor enseñarles a reflexionar sobre sus acciones y sus consecuencias.
7. Crear espacios de calma
Diseña un espacio seguro donde tu hijo pueda retirarse cuando se sienta abrumado. Esto puede incluir un rincón con cojines o actividades creativas como pintura o juegos de plastilina, que ayudan a canalizar sus emociones de forma positiva.
El fin de la etapa: una transición natural
Es importante tener en cuenta que la mayoría de los niños experimentan un aumento en el comportamiento agresivo alrededor de los 20-22 meses, que tiende a disminuir a partir de los 3 años. Esto es parte del crecimiento y desarrollo natural del niño.
La neuropsicóloga López Idarraga señala que el papel de los padres y educadores es fundamental durante esta etapa. "Debemos promover y enseñar a los niños a expresar su rabia de manera que no lastimen a otros", destaca. Si las conductas agresivas persisten más allá de los 3 o 4 años o son intensas, es recomendable buscar la ayuda de un especialista.
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Para más información sobre este tema, puedes ver el siguiente video que ofrece estrategias útiles para manejar la agresividad infantil:
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